Agustín Haller

Aquí estamos hoy luego de 9 años de la puesta en marcha del FONASA (fondo nacional de salud) y el SNIS (sistema nacional integrado de salud) el conjunto de los trabajadores y en particular los de la salud debemos darnos un momento para la reflexión y el debate y plantear nuestras consideraciones.

Debemos expresar antes que nada nuestro profundo compromiso con el SNIS, con su implementación y su mejoramiento continuo, el conjunto de los trabajadores de la salud pública y privada trabajamos día a día por la profundización de este sistema, para que sea más justo y de mayor calidad, nuestras gargantas arden al grito de más y mejor sistemas nacional integrado de salud.

Es innegable que el SNIS ha otorgado mayor accesibilidad a la salud a aquellos trabajadores que menos ganan y desde el punto de vista laboral nuestras fuentes de trabajo son mucho más estables, y en general hoy peleamos por mejorar condiciones de trabajo y salario y no por mantener nuestra fuente laboral. De todas formas no dejamos nuestra histórica postura de un servicio de salud estatal y gratuito

La solidaridad del movimiento sindical y los trabajadores en su conjunto está más que demostrada, es parte del ADN del movimiento popular, y es en este sentido que defendemos el FONASA este fondo solidario donde el conjunto de los trabajadores aportamos partidas fijas de 4,5% de nuestro salario bruto para aquellos que no tengan hijos y 6,5% para aquellos que si los tengan, esta es una forma justa ya que quienes tiene más ingresos aportan mas para el fondo común y solidario.

Ahora bien, en la creación del SNIS y el FONASA para la financiación del mismo el gobierno progresista del Frente Amplio no ha obligado a una pequeña parte de la población que tiene los mayores ingresos, nos referimos a todo el sector que se atiende por fuera del SNIS en los seguros privados de salud, esta es una de las contradicciones que debemos señalar, mientras los asalariados nos vemos obligados a ingresar al SNIS los ricos, los poderosos, los patrones, la oligarquía paga por fuera y no forma parte de este sistema solidario. Con esta postura del gobierno los asalariados repartimos nuestra pobreza en un sistema de salud saturado mientras los ricos gastan millones en la atención de unos pocos sin el control del gobierno. Es importante que se entienda que los trabajadores de la salud reivindicamos el carácter solidario del sistema pera rechazamos tajantemente la existencia de los seguros privados de salud, donde unos pocos reciben una atención distinta y de esta forma permitimos transformar a la salud en una mercancía donde quien pueda comprar recibe y quien no puede es excluido. Este no es el sistema al que aspiramos no es el sistema nacional integrado de salud no es universalmente solidario. No a los seguros privados no a la mercantilización de la salud.

En cuanto el Estado solo funcione como ente recaudador que brinde la viabilidad económica de los prestadores privados de salud aportándoles las capitas (renta por cada asociado) el sistema permanecerá viciado por el afán recaudador y mercantilista con el que actúan sus administradores.

Es esencial en este sistema que cuenta con los prestadores privados de salud un mayor contralor del estado, un estado activo que controle las políticas sanitarias impulsadas y exigir el cumplimiento por parte de estos prestadores. Hoy nos encontramos en una realidad muy distinta a la que aspiramos, nos encontramos con una servicio privado en el que las condiciones de trabajo cada día se deterioran mas, donde se explota a los trabajadores de la forma feroz, el multi empleo es lo cotidiano debido a los bajos salarios y nuestra realidad son por lo tanto 12hs de trabajo diarias bajo una estresante presión, las patronales cada vez exigen más y más a una masa trabajadora que ve día a día deteriorarse sus condiciones de trabajo.

El conjunto de administradores y las roscas médicas que usufructúan el botín que les aporta el FONASA mes a mes no tiene sosiego, a la sombra de un gobierno que hace la vista gorda ensanchas sus bolsillos sin importarles las condiciones en que brindan el servicio de salud a la población ni las condiciones en que trabajan sus funcionarios.

Es imperiosa la intervención del estado en la contabilidad de los prestadores privados de salud, esta es la única alternativa posible, el estado debe intervenir para controlar el gasto real de los prestadores, cuanto realmente invierten en salud, cuanto de ese dinero que sale del bolsillo de todos los trabajadores del país es gastado en inversiones reales, en verdaderos gasto en salud.

Los contratos así como los servicios que compran los prestadores deben ser intervenidos, en muchos casos los propios directivos son quienes venden esos servicios a altos costos vaciando financieramente las instituciones. Recordemos que el sistema mutual debe ser sin fines de lucro por tanto no es posible que sus directivos percibían ganancia alguna por esta actividad, por tanto la venta de servicios a una tasa excesiva es una de las alternativas que han encontrado conjuntamente con los excesivos sueldos que pueden superar los 15 mil o incluso los 30 mil dorales mensuales mientras un auxiliar de enfermería ronda los 650 dólares mensuales.

Mientras que por un lado los trabajadores tienen sueldos miserables condiciones de trabajo deterioradas y los usuarios una atención de baja calidad, los dueños de la salud se enriquecen día a día a sabiendas de un gobierno que tristemente hace la vista gorda.

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