Mauricio Zunino| La industria uruguaya ha sufrido diferentes tendencias en el tiempo, y muchas veces presentan diferencias entre las distintas clases de actividad. El primer surgimiento industrial estuvo asociado a la actividad exportadora y vinculada directamente a los procesos de producción primaria. Fue recién en los cincuenta cuando se expandió notablemente el entramado industrial, siguiendo los parámetros del modelo de Industrialización Sustitutiva de Importaciones.

Este modelo hizo crisis en los 60 y comenzó su restructura destructiva en los 70, profundizada en los 90. Durante los gobiernos progresistas el papel relativo de la industria se incrementó moderadamente aunque el nuevo modelo industrial es bastante diferente al de los años 50.

Uno de las clases de actividad que mayor dinamismo tuvo en los últimos años fue la de Fabricación del Papel y Productos del Papel , dentro de la cual ubicamos a Fanapel. Pero el crecimiento se debió fundamentalmente a la instalación de las plantas procesadoras de celulosa muy avanzadas. Sin embargo el resto de la industria del papel, concentrado en unas pocas industrias locales que habían enfrentado dificultades importantes en algunos casos, habían logrado en los últimos años restructurarse productivamente que generaron mejoras en su eficiencia productiva y en su desempeño global.

El desarrollo de la actividad industrial en Uruguay, fue generando un paisaje y una fisonomía particular en determinados lugares que generó entramados sociales y culturales, particulares y específicos que gestaron conformaciones sociales muy identificadas con el proceso industrial. Esta situación es muy fuerte en algunas ciudades del interior del país y en algunos barrios montevideanos, Juan Lacaze es uno de estos ejemplos más notorios.

Este fenómeno implica que los problemas y crisis del aparato industrial, no solo genera un problema económico, sino que también implique un problema de identidad social y cultural, que lo vuelve un problema mucho más profundo.fanapel

La ciudad de Juan Lacaze cuenta actualmente con una población del entorno de los 14.000 habitantes y su desarrollo se vincula fuertemente al desarrollo de la actividad industrial. Este fue un componente clave en la conformación social y cultural de la ciudad y marcó su historia a lo largo del siglo XX y las primeras décadas del siglo XXI. De esta manera los ciclos de prosperidad o decadencia de la ciudad se vincularon fuertemente a los ciclos de la industria. Hoy los dos grandes símbolos como la textil Agolan y la papelera Fanapel amenazan con convertirse en fósiles de un modelo de desarrollo industrial que naufragó.

La historia de Fanapel (Fábrica Nacional de Papel) comenzó a escribirse en 1883 en Montevideo, donde ubicó su primer establecimiento industrial, pero fue por el crecimiento de la empresa y las necesidades de contar con un mayor suministro de agua dulce que se traslada en 1898 cuando se radico en su ubicación actual en Juan Lacaze.

En sus inicios la empresa empleaba un entorno de 150 trabajadores, los que fueron incrementándose durante los auges del ciclo industrial y que hace no mucho tiempo empleaba a más de 400 trabajadores de manera directa, llegando al momento de crisis con casi 300 empleados.
Pero la vinculación de Fanapel con la ciudad no se limita exclusivamente a la cantidad de empleos directos o indirectos del momento actual; desde 2013 se planteó una tecnicatura en convenio con la UTU en Instrumentación y Control, que en buena medida prepara a los estudiantes para insertarse en la producción de papel, los que en estos momentos ven dificultada su futura inserción en el mercado laboral.

Otro efecto adicional tiene que ver con la generación de energía eléctrica; la producción de celulosa y papel genera residuos con un importante potencial energético, con lo cual la empresa invirtió en 2012 para poder utilizar este potencial y comercializar los excedentes; la utilización de residuos de biomasa para la generación de electricidad permite bajar el costo del mix de generación, por lo que las dificultades de la empresa dificultan la apropiación de esta externalidad positiva.

En 2007, la empresa fue adquirida por el grupo económico Tapebicuá (que compró el 97.6% del paquete accionario); este grupo se compone mayoritariamente de capitales argentinos, quedando el resto del capital accionario para cotizarse en bolsa. Esta compra implicó un reperfilamiento de la empresa en cuanto a productos y destinos, llegando a que el 90% de la producción se exportara hacia Argentina, quedando el resto para la venta en el mercado interno y exportaciones a Brasil y Chile. Este modelo de negocios funcionó de manera exitosa hasta el año pasado, pero en 2016 el cambio de la situación política argentina y posibles esquemas de estrategia de la empresa llevaron a cambiar la situación la que fue empeorando hasta llegar recientemente al envío completo de su personal de planta.

La nueva política comercial Argentina, con sesgo aperturista, aunque parezca paradójico es uno de los elementos relevantes para explicar la crisis exportadora de la empresa. Esto implicó que desde el mes de mayo la empresa comenzara a enviar trabajadores al seguro de paro y a disminuir sus niveles de producción.

Si bien los representantes de la empresa han manifestado su voluntad de permanecer en Uruguay y continuar su actividad, la planta estuvo detenida y el conflicto laboral continua, lo que da un marco de incertidumbre importante a los trabajadores. A esto se suman algunas partidas laborales impagas por parte de la patronal como son los aumentos retroactivos a enero que establecía el convenio salarial firmado y la intención de renegociar el mismo.

Otro de los elementos que fue presentado por la prensa argentina, como una de las causas de la situación actual, es el fuerte endeudamiento en dólares que el mismo habría generado en los últimos años, los que ante la fuerte devaluación del dólar generada por el gobierno de Mauricio Macri ha generado un problema de descalce en su situación patrimonial.

El esquema comercial argentino durante el gobierno kirchnerista, se caracterizó por un fuerte proteccionismo. Este tipo de políticas fue objeto de críticas por parte del empresariado nacional y del Gobierno. Sin embargo esto no pareció afectar el esquema exportador de Fanapel que sesgó sus ventas de manera importante hacia Argentina.

El nuevo gobierno argentino, por el contrario practica una política comercial externa, de corte aperturista liberal, que implicó el desbaratamiento de todos los instrumentos generados en el período anterior facilitando la entrada de bienes procedente de las distintas regiones del mundo.
Aunque parezca contradictorio la caída del potencial exportador de Fanapel se debe a la mayor apertura de mercado.

Esto se explica porque esta apertura despertó el interés de grandes empresas por ingresar al mercado argentino con diversos productos entre ellos el papel, donde los productores de China y el sudeste asiático han comenzado a ingresar y han generado un desbalance en la estructura de precios que dejan fuera del rengo competitivo a las empresas uruguayas.

Esto nos abre un debate sobre el libre comercio y el grado de apertura necesario para los diversos sectores exportadores. Si bien el esquema comercial proteccionista aplicado por Argentina implicaba dificultades de acceso a muchas empresas uruguayas, Fanapel logró mantener un importante flujo exportador y aprovechar ese manto de protección para disuadir a competidores extraregionales. Sin embargo la mayor apertura terminó debilitando sus posibilidades de ingreso al mercado argentino producto de sus ineficiencias productivas que se cubrían por la injerencia de los mecanismos administrativos.

Ante esta situación y con una estructura industrial relativamente atrasada y rezagada tecnológicamente con un empresariado más parasitario que capitalista, deberíamos preguntarnos si los esquemas de apertura que se pregonan en el discurso de la burguesía nacional sirve para su propio desarrollo o por el contrario muchos terminarán pereciendo ante las grandes corporaciones del sistema global.
Desde Fanapel se aduce como un problema de competitividad el crecimiento de los costos y entre ellos señalan los incrementos salariales. La empresa fue más directa planteando la necesidad de rever el convenio salarial que tiene vigencia por tres años, que suponía incrementos salariales que iban entre el 10 y el 12% dependiendo de las categorías ocupacionales.

Acá podemos ver como el mecanismo de ajuste de las empresas tiende a volcarse siempre hacia el mismo lado. En su estrategia de optimización utiliza como variable de ajuste a los trabajadores y precipita un seudo cierre como forma de ganar poder de negociación para realizar el ajuste. Este tipo de empresas con filiales ubicadas en varios países tienen estrategias que les puede permitir cerrar una planta por un tiempo, ajustar su estructura de costos y retomar su actividad una vez que optimizó sus variables relevantes.

El análisis del caso de Fanapel debe servirnos para reflexionar en varios puntos, en primer lugar como estructuramos una estrategia de desarrollo que vincule una propuesta nacional, con lo local de forma de que no queden ciudades enteras paradas y nostálgicas de un futuro que no pudo ser.

En segundo lugar, en qué medida este desarrollo está asociado a una política aperturista y de cómo sectores que presentan atrasos productivos se encuentran sin tener ventajas competitivas para poder insertarse en los mercados globales; y como las estrategias de protección y promoción bien elaboradas y con horizontes temporales adecuados y pre definidos puede contribuir en el fortalecimiento de determinados sectores productivos. En tercer lugar, en mostrar los efectos del conflicto de clases y como la estrategia de optimización siempre trata de cortar por el eslabón más débil.
Nota:
1.- División 17 de la Clasificación Industrial Internacional Uniforme, revisión 4 (CIIU 4).

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